miércoles, 4 de junio de 2008

Racismo en Europa

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domingo 13 de febrero de 2000
La salvaje agresión a una magrebí reaviva la violencia xenófoba en Francia
MADRID. S. S.

El aumento de la población inmigrante y la proliferación de grupos neonazis han convertido a Europa en un polvorín social. Los intentos oficiales por favorecer la integración de los inmigrantes chocan con las proclamas de la ultraderecha, cuyos mensajes de corte racista y xenófobo han calado en parte de la sociedad y propician episodios de violencia, como el revelado ayer en Francia.

La otra cara de la moneda. Agresión pública a cinco británicos que presuntamente asesinaron a un chico negro Archivo

La última y brutal expresión de la ola de xenofobia que barre Europa golpeó a la esposa de un militante mogrebí de Grenoble (Francia). Fuentes de la fiscalía de París reconocieron ayer que han abierto una investigación para esclarecer la violenta agresión sufrida por esta mujer, cuyo marido Chadli Daud, de 50 años, dirige la asociación «Amistades y Lazos Francia-Mogreb». Según explicó ayer Daud, su esposa Shasia se encontraba sola en su domicilio cuando el pasado miércoles se presentaron en su casa dos hombres. Dijeron ser policías que investigaban un ataque racista durante una conferencia sobre inmigración argelina que el propio Chadli Daud organizó en un museo de Grenoble. El engaño funcionó y los dos hombres entraron en el domicilio, donde golpearon y amordazaron a la mujer, a la que además quemaron los brazos y rajaron las plantas de los pies. Chadli Daud precisó que incluso se produjo una agresión sexual. Antes de abandonar la casa, los dos hombres escribieron con un aerosol en las paredes lemas racistas contra los mogrebíes y dejaron una carta escrita en tono amenazante.

ASESINATO EN EL SENA

Todo esto en un país donde hay más de cuatro millones de inmigrantes, mayoritariamente norteafricanos, informa Juan Pedro Quiñonero. En la periferia de las grandes ciudades y algunas regiones francesas, esa población extranjera ha provocado el crecimiento del voto de extrema derecha, velada o abiertamente xenófobo, pero, salvo en una ocasión, en 1995, nunca se han producido graves estallidos de violencia racista. Durante la campaña de las elecciones presidenciales de 1995, simpatizantes de Jean-Marie Le Pen, líder y candidato de la extrema derecha, asesinaron a un emigrante marroquí, arrojándolo al Sena.

El aumento de la población inmigrante en Inglaterra también ha propiciado problemas. Con una población extranjera de varios millones de personas, en la Inglaterra del último siglo sólo se han producido explosiones racistas y xenófobas en los años anteriores a la II Guerra Mundial, cuando los movimientos nazis del Reino Unido se dedicaron a sembrar la violencia en el East End londinense. José Manuel Costa informa que aquel movimiento fue respondido en la calle, no sólo por los vecinos (mayoritariamente bengalíes) de la zona, sino también por organizaciones políticas y sindicales. Otra cuestión muy diferente es que las poblaciones de color (antillana, hindú, china) sean objeto de una evidente discriminación social y laboral. La misma Policía es responsable de la situación, según un informe oficial tras estudiar los disturbios protagonizados en los años 80 en diferentes ciudades por la población de origen antillano. Otros informes denuncian la discriminación racial en un gran número de sectores de la sociedad, desde las cárceles hasta los hospitales.

En Dinamarca, Noruega o Suecia se producen enfrentamientos semanales, algunos con víctimas mortales, entre los grupos «svarta skallar» o cabezas negras (apodo que se da en algunos círculos a los extranjeros) y la población local, informa Carmen Villar Mir. Los distintos Gobiernos han introducido mejoras legislativas, penalizando la discriminación étnica y creado «ombudsman» (defensores del pueblo) para los extranjeros, pero ya no saben qué hacer para estabilizar la situación. Se enfrentan, por un lado, con la incapacidad de algunas minorías para integrarse socialmente y, por otro, con el alto nivel de desempleo de esas comunidades de inmigrantes. Pero el mayor problema es la xenofobia y la creación de partidos de ultraderecha y grupos de neonazis en las tres naciones escandinavas, algo inimaginable hace treinta años. Y es que en estos países nórdicos donde rige la ley de «jämlighet» (igualdad en todo), la población soporta mal los derechos que la Administración concede a las minorías étnicas. Suecia y Dinamarca han optado por cerrar sus fronteras e intentan legislar la rápida salida de miles de bosnios y demás asilados políticos. Sólo Noruega sigue abierta a la inmigración.

ITALIA Y LOS ALBANESES

Desde que Milán inaugurase el pasado 1999 la «mala racha» con casi un asesinato diario a manos de inmigrantes, muchos italianos han vivido al borde de la agresión contra los extranjeros que consideran más peligrosos: gitanos, albaneses y norteafricanos. En muchas ciudades del norte ha crecido el rechazo a los albaneses, ya que las mafias de ese país son las más despiadadas, informa Juan Vicente Boo. En 1999 ha habido ataques contra inmigrantes e incluso un episodio de violencia colectiva: el desalojo con fuego de un enorme campamento gitano en Nápoles, sin que la Policía hiciese acto de presencia. Por fortuna, los esporádicos intentos de linchamiento suelen terminar sin víctimas gracias a las Fuerzas de Seguridad, pero el «discreto» asesinato de inmigrantes forma parte de los usos de la Camorra napolitana y las otras tres mafias.

En Bélgica, la peregrinación anual que cada 27 de agosto celebran los nacionalistas flamencos a la localidad de Dixmunde para recordar a los soldados de Flandes caídos durante la Primera Guerra Mundial se ha convertido en alguna ocasión en brutal romería de neonazis de toda Europa, informa Alberto Sotillo. Aún se recuerda, por ejemplo, la batalla campal ocurrida en 1995 entre fuerzas del orden y extremistas flamencos, alemanes, franceses y holandeses, que se saldó con varios heridos y unos cuarenta radicales encarcelados. El cargo fue intento de asalto de una comisaría para liberar a un dirigente del ultrarradical Movimiento Militante Flamenco.

El nacionalismo flamenco desempeña un papel primordial en el Vlaams Blok, partido xenófobo e independentista que se ha convertido en una de las fuerzas más poderosas de la extrema derecha en Europa, contraria a cualquier forma de inmigración. En Valonia, en la zona francófona del país, existe un Frente Nacional copiado a imagen y semejanza del partido de Le Pen en Francia. En Holanda, la xenofobia irrumpió a finales de los 80 de la mano de un partido que, con sarcasmo, se denomina a sí mismo Demócratas del Centro, liderado por un demagogo llamado Hans Janmmaat, tristemente famoso por manifestaciones en las que afirmaba, por ejemplo, que los inmigrantes trajeron las cucarachas a los Países Bajos, donde –decía- no existían esos bichos antes de su llegada.

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