viernes, 13 de junio de 2008

La comunicación no verbal

Autor: Mark L. Knapp

Título: La comunicación no verbal. El cuerpo y el entorno.

Tít.Orig.: Essentials of nonverbal communication.

Edic.Orig.: 1980

Editorial: Ediciones Paidos

Colección: Paidos Comunicación /1

Lugar/Fecha/Pág.: Barcelona 1982

Contenido: Conceptos generales de la comunicación no verbal. La c.n.v en la historia y en la infancia. El entorno, el territorio y el espacio personal. La apariencia física y la ropa. Los movimientos del cuerpo y la postura. El tacto, las expresiones faciales, la mirada. Las señales vocales. Observación y registro de c.n.v

El desarrollo de habilidades no verbales. Pág. 324

Casi toda la capacidad que tenemos para emitir y recibir señales no verbales proviene del aprendizaje en la práctica misma del oficio; y en este caso el oficio es el proceso mismo de la vida cotidiana. En resumen, aprendemos conductas no verbales (no siempre de un modo consciente), mediante la imitación y el automodelado conforme a los demás, y también adaptando nuestras reacciones a la instrucción, la retroalimentación y el consejo de los demás. Esta retroalimentación no tiene por que versar necesariamente acerca de" nuestra conducta, sino que muchas veces adopta la forma de una reacción a nuestra propia conducta. Así pues, la retroalimentación puede tener como estimulo una persona que nos dice, "Bien, no pareces feliz", o que, aún sin formular explícitamente el enunciado, reaccione ante nosotros como ante alguien que no es feliz. A través de la retroalimentación acrecentamos nuestra conciencia de nosotros mismos y de los demás, tal como se expresa en frases de este tipo: "No puedes darte cuenta de que no me gusta;". No sólo aprendemos la clase de conductas que hemos de adoptar, sino además cómo se ejecutan, con quién, cuándo, donde y con qué consecuencias. Naturalmente, algunos poseen más y mejores "ayudantes" que otros: algunos buscan más o menos ayuda. Se puede practicar la emisión y la recepción no verbal con cierta frecuencia, pero sin una efectiva retroalimentación regular, la capacidad no mejora.

En última instancia, el desarrollo de las habilidades no verbales dependerá de lo siguiente:

1) Motivación. Cuanto más se desee adquirir habilidades no verbales, mayores son las oportunidades que se tienen para hacerlo. A menudo esta motivación se desarrollará cuando el sujeto sienta que dichas habilidades le ayudarán a mejorar tanto profesionalmente como en la vida personal.

2) Actitud. Los individuos suelen participar en situaciones de aprendizaje con actitudes productivas o improductivas, como, por ejemplo, "puedo hacerlo" frente a "no puedo hacerlo", "será divertido", frente a "será aburrido". Por motivados que estemos, las actitudes improductivas respecto de la situación de aprendizaje disminuirán inexorablemente el resultado del aprendizaje.

3) Conocimiento. El desarrollo o refuerzo de cualquier capacidad depende en parte de la comprensión de la naturaleza de la capacidad en cuestión. Parece que inconscientemente obtenemos un gran volumen de conocimiento a partir de la observación de los demás a medida que crecemos. Parte de este conocimiento sólo lo adquirimos cuando oímos o leemos acerca de ello en una fuente distinta. Esta "conciencia naciente" puede ser un ingrediente importante en las adaptaciones futuras.

4) Experiencia. No se pueden aprender tales habilidades estando aislado. Con una guía adecuada y una útil retroalimentación, la práctica nos ayudará a desarrollar las capacidades no verbales. Cuanto mayor sea la variedad de las propias experiencias, mayores serán las oportunidades de aumentar el aprendizaje. Toda experiencia dada puede proporcionar información útil para el desarrollo futuro de la capacidad, aún cuando se carezca totalmente de ella en esa precisa situación particular.

Con esta visión de conjunto de ciertos métodos comunes y ciertos prerrequisitos generales del desarrollo de las habilidades no verbales, volvamos ahora a otro planteamiento del mismo problema. Este enfoque trata de comprender las características que han de tener los emisores y receptores de señales no verbales para ser eficaces. La mayor parte de la investigación que presenta interés para las habilidades no verbales se ha llevado a cabo dentro de estos marcos.

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Características de los buenos receptores no verbales.

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Tal vez el descubrimiento más seguro realizado a partir del PONS y otros esfuerzos de investigación sea el de que las mujeres tienden a obtener mejores resultados que los varones en tanto receptoras de señales no verbales. Esto se observó en las mujeres desde los primeros cursos de escuela primaria hasta los veintitantos años. Rosenthal analizó cuarenta y tres estudios independientes de adultos y niños y encontró que las mujeres llevaban ventaja en la capacidad para juzgar señales no verbales en treinta y tres de dichos trabajos. Y aunque algunos estudios no mostraban ninguna diferencia entre la capacidad receptora de señales no verbales por parte de hombres y de mujeres, muy pocas veces los varones, como grupo, puntuaron tan alto como las mujeres.

Investigaciones realizadas acerca del efecto de la edad muestran en general una capacidad cada vez mayor para decodificar señales no verbales desde el parvulario hasta una edad situada entre los veinticinco y los treinta años. No se ha experimentado con grupos de edad más avanzada. Estudios independientes acerca de la capacidad para decodificar acertadamente señales vocales y expresiones faciales verifican los resultados del PONS. Es típico que los niños más pequeños puntúen mejor en test de discriminación vocal que en los de discriminación visual.

En dos trabajos efectuados, la raza del receptor no dio muestras de constituir ninguna ventaja o desventaja particular en la correcta identificación de expresiones faciales. Los resultados obtenidos a partir de varios grupos de estudiantes que se sometieron al PONS tienden a refutar la idea de que la inteligencia o la capacidad escolar es característica de los receptores no verbales de mayor eficacia. Ni el IQ ni los resultados del SAT (Test de aptitud escolar), ni la posición relativa en la clase, ni los puntajes en test de vocabulario tienen demasiado que ver con esta capacidad no verbal. Así, pues, se pueden obtener buenas notas en la escuela, donde casi todos los criterios de éxito se basan en la capacidad verbal, sin que ello signifique una especial aptitud para interpretar correctamente señales no verbales.

Las personas que han obtenido buenos resultados en el PONS suelen tener el siguiente perfil de personalidad: bien adaptadas, democráticas y estimulantes en el trato interpersonal, poco dogmáticas y más bien extrovertidas. Además, los buenos receptores no verbales eran considerados por los demás -conocidos, clientes, cónyuges y supervisores- como más populares y sensibles desde el punto de vista interpersonal. Snyder probablemente incluiría lo que denomina "autocontrol" como característica de decodificadores idóneos de información no verbal tanto en el rostro como en la voz. Las personas que ejercen el autocontrol son muy sensibles y vigilan severamente su propia conducta, pero también son sensibles a las conductas ajenas, pues utilizan estas señales como líneas de orientación para el control de su auto presentación.

Hay grupos que suelen presentar mejores puntajes en la experiencia decodificadora de PONS. Ordenadamente los tres grupos con mejor puntuación correspondían a actores, estudiantes que se ocupaban de conductas no verbales y estudiantes de artes visuales. La investigación de Buck de las expresiones faciales descubrió que quienes estudiaban bellas artes y comercio eran mejores receptores que los de la especialidad en ciencias, es decir, los estudiantes de biología, química, matemáticas y física. Los ejecutivos dedicados a los negocios que respondieron al test PONS no mostraron la misma pericia en la recepción de señales no verbales que la que demostraron poseer los estudiantes especializados de Buck. Los ejecutivos y los maestros dieron muestras de tener mucha menos capacidad que los psicólogos clínicos y los estudiantes universitarios, cuyos resultados fueron notablemente más bajos que los de los tres grupos de máximo rendimiento ya mencionados. Conviene recordar que se trata de puntajes grupales. Los maestros, los supervisores y los médicos que tomados individualmente fueron calificados como excelentes en sus trabajos respectivos, obtuvieron buenos resultados en el PONS. Por último, parece ser que los padres (y en particular las madres) de niños que aún no hablan, poseen mayor sensibilidad receptora de señales no verbales que los matrimonios sin hijos.

También se administró el test PONS a personas de más de veinte naciones diferentes. Como cabía esperar, las personas de los países más parecidos a Estados Unidos en lenguaje y cultura (modernización, amplio uso de los medios de comunicación), registraron mayores puntajes. Algunas de las calificaciones de determinadas naciones extranjeras eran lo suficientemente altos, como para sugerir un componente multicultural.

En una experiencia comparativa, fueron juzgadas en contextos étnicos y culturales distintos diferentes muestras de voces libres de palabras de indios cree y blancos, y también de residentes canadienses de habla inglesa. Todos los grupos coincidieron en el contenido emocional de las muestras de voces que hicieron los miembros de su propio grupo. Tal como dijimos en los primeros capítulos, algunas culturas utilizan y prestan más atención a ciertos tipos de conducta no verbal, por lo que, naturalmente, cabría esperar de ellas más eficacia en esos campos que una cultura que no enfatiza una conducta o canal de comunicación particular.

A pesar de la existencia de extensas investigaciones que sugieren que la clave de la selección de amigos y compañeros de romance es fundamentalmente la analogía y no la desemejanza, Rosenthal y sus colegas observaron lo que parece ser una interesante excepción. Las parejas enamoradas se parecían mas en sus puntajes PONS a los compañeros escogidos al azar entre sí. Por último, cuanto mayores eran las diferencias en la estabilidad no verbal, mayor era el nivel de revelaciones verbales recíprocas, lo que sugería que la efectividad en la modalidad verbal puede utilizarse para compensar una falta de eficacia en la dimensión de lo no verbal. Hay quienes sostienen que diferencias de este tipo se relacionan con la dependencia que se muestra en la relación, en la que el miembro más dependiente es el que mayor sensibilidad exhibe debido a que es quien más tiene que ganar. Si bien es cierto que este descubrimiento es inquietante, no sabemos la proporción en que esta diferencia servirá para afectar a la estabilidad de la relación. La mayoría de los autores ha predicho que, en una relación íntima y prolongada con una persona especifica, la fiabilidad de las señales no verbales y la eficacia en su lectura aumentaran.

También se han recogido ciertos indicios de que hay personas que, con la práctica, mejoran sus puntajes de capacidad receptora en el PONS. Una investigación sugiere que la excitación fisiológica puede ser ventajosa para captar emociones en los rostros ajenos. En consecuencia, los receptores pasivos parecen ser menos eficaces que los que se ven activamente envueltos en la tarea.

Como sucede con cualquier otra habilidad, la capacidad de decodificación de señales no verbales se ve afectada por muchos factores, algunos de los cuales son intrínsecos a las personas y revelan diferencias entre distintos grupos. Algunos de estos factores recaen sobre las personas que están siendo juzgadas o sobre la situación en que el juicio tiene lugar. A continuación pasamos revista solamente a aquellos factores que no han examinado los investigadores que utilizaron el PONS y otros test sin pretender dar detalles de todas las posibles fuentes de variaciones en la corrección con que se identifican las señales no verbales.


Factores que afectan la precisión de la recepción no verbal.

Se puede pensar que los canales particulares (rostro, voz, etc.) sometidos a prueba tendrán efectos diferenciales en la precisión de la recepción no verbal de una persona. La realidad es que, varios estudios han demostrado que las emociones y las actitudes de gusto y disgusto se perciben con mayor precisión en el rostro que en la voz. Y aunque se pueda ser más hábil en el reconocimiento de gran cantidad de emociones y actitudes si se dispone tanto de señales visuales como auditivas, hay mensajes que se comunican mejor por una vía que por la otra, como, por ejemplo, las señales vocales que son más eficaces para comunicar angustia y seducción que otros canales individuales de comunicación. Además, si se cuenta con capacidad para reconocer señales faciales, es probable que también se disponga de capacidad para identificar señales vocales. Esto no excluye la posibilidad de que haya personas que puedan tener preferencia por un canal particular y confiar mucho más en él. En el trabajo de Beldoch se investigó en la dirección de superar la dicotomía tradicional facial/vocal. Obtuvo registros de voz libre mediante palabras sobre doce emociones diferentes, pidió a unos músicos que escribieran y grabaran cortas composiciones musicales inspiradas en esas mismas doce emociones, y, por último, pidió, a ciertos artistas plásticos que produjeran obras abstractas intentando plasmar esas mismas emociones. Los resultados apoyan la idea de que la capacidad de una persona para decodificar correctamente sentimientos en un medio puede transferirse a otros medios. Análogamente, la agudeza para percibir señales no verbales puede variar según las expresiones sean simuladas (incluso muy bien simuladas) o espontáneas, pero si una persona acierta en la decodificación de las expresiones representadas, es probable que también acierte en la decodificación de las reales, tal como ya se indicó anteriormente utilizando una versión en fotos inmóviles del PONS original. Es evidente que algunos estados emocionales y actitudinales son más difíciles de juzgar que otros. Los mensajes no verbales negativos, según ciertos autores, pueden incluso ser mejor transmitidos que los positivos. Guber asegura que si alguien (actuando como juez) ha tenido experiencia previa como evaluador de expresiones, su agudeza será mayor que la de quienes no han tenido tales experiencias. Por tanto, existen variaciones en la precisión que se atribuyen al canal de comunicación y al tipo de mensajes, pero también se encuentran algunas indicaciones de coherencia individual en distintas condiciones.

Aunque Eiland y Richardson observaron que las diferencias en el sexo, la edad y la raza de la persona que expresa una emoción facial afectarán de un modo significativo los juicios de precisión, no podemos asegurarlo puesto que surgen algunas dudas respecto a la comprobación del hallazgo.

También podemos pensar, como se demostró mediante investigaciones realizadas con el PONS, que la cantidad de tiempo durante el cual el receptor esté expuesto a una señal no verbal podría alterar su precisión en la identificación. Se presentaron los materiales del PONS variando el tiempo de exposición, 1/24 de segundo, 3/24 de segundo, etc. A pesar de que la precisión de los juicios aumentó a medida que aumentaba el tiempo de exposición, las diferencias que se observaron son mínimas a partir de que los tiempos de exposición llegaron a niveles más altos. Algunas personas, al parecer, logran altos niveles de precisión con tiempos mínimos de exposición, y son capaces de percibir y procesar esta información no verbal a gran velocidad. Se ha sugerido que estas personas quizá vean demasiado y como resultado de ello, sus relaciones interpersonales sean menos satisfactorias.

Enjuiciemos a continuación las siguientes cuestiones referidas a la capacidad de codificación o de emisión

1) ¿Qué características tienen las personas con capacidad para emitir señales no verbales? y

2) ¿Qué factores afectan a la precisión con que ciertas personas emiten señales no verbales?


Características de los buenos emisores no verbales.

Si bien no disponemos acerca de las conductas de codificación de una variedad tan amplia de pautas experimentales como las que el PONS nos da para la decodificación, existen tendencias que parecen evidentes en la emisión o codificación de señales no verbales. Por ejemplo, las mujeres parecen manifestar mayor capacidad de codificación que los varones. Esta diferencia de sexos respecto a la capacidad de emisión no se ha encontrado en niños de edades comprendidas entre cuatro y seis años.

También se han asociado algunas características personales con la precisión de ciertos emisores de información no verbal. AI igual que sucedía con los receptores. las personas que ejercen un gran control de si mismas están en mejores condiciones para emitir información emocional a través de los canales vocales y faciales. Los "introvertidos" constituyen estímulos más pobres para los demás que los "extrovertidos". Denominaremos introvertidos a aquellas personas que tienden a reprimir sus reacciones emocionales, a "guardarse sus sentimientos". El perfil de personalidad de Buck para los niños pequeños comparte muchas de las características que ya hemos encontrado para los decodificadores. Los niños que resultaron eficaces emisores eran abiertos, comunicativos, activos, sociables y algo autoritarios e impulsivos. Los emisores ineficaces mostraban tendencia a jugar solos, eran cerrados, pasivos, tímidos, contenidos y se consideró que poseían más espíritu de cooperación.

Ciertas investigaciones realizadas sugieren que la menor excitación fisiológica tiende a asociarse con una mayor eficacia en la capacidad de emisión de señales no verbales.

Algunos estudios han centrado su investigación sobre cuáles son los factores que afectan a la capacidad de emisión, pero, como sucede en el caso de los trabajos realizados respecto a las características del emisor, todavÍa falta mucho por descubrir.


Factores que afectan a la capacidad de emisión no verbal.

Una investigación que trabajó tanto con expresiones espontáneas como con expresiones representadas partiendo de las mismas personas demostró que la eficacia en la emisión transciende la cuestión de la intención. Esto es, si la expresión facial espontánea de una persona situada ante estímulos placenteros ("The Carol Burnett Show") y desagradables (escenas de accidentes cruentos) es claramente expresada e interpretada, esa misma persona se sentirá también capaz de representar expresiones. El tipo de mensaje (positivo/negativo; dominante/sumiso; tipo de emoción), también afectara a la exactitud de una persona en tanto emisora, con las experiencias emocionales más extremas siendo normalmente estas las más precisas.

Estamos ya en condiciones de exponer la última pregunta de este capítulo: ¿Son los buenos codificadores también buenos decodificadores y a la inversa?


La relación entre capacidad de emisión y capacidad de recepción.

Ya en el año 1945, Knower informó acerca de datos experimentales que sugerían que los buenos emisores de expresiones faciales y emociones vocales eran, a su vez, receptores eficaces. A partir de entonces, otros estudios han aportado información con conclusiones análogas. Levy, por ejemplo, observó una fuerte relación entre la capacidad de una persona para emitir señales emocionales vocales, interpretar señales vocales de los demás, y para interpretar las señales vocales propias. Ambos investigadores formulan la hipótesis de una "capacidad general de comunicación", lo que significaría que, a pesar de las diferentes capacidades implicadas en la emisión y la recepción, parece haber una capacidad general por encima de aquellas habilidades distintas. En otras palabras, los emisores eficaces suelen ser también receptores eficaces y a la inversa.

Hay estudiosos que no han observado ninguna relación entre la capacidad de emisión y la capacidad de recepción de señales no verbales. Muchas veces se cita el trabajo realizado por Lanzetta y Kleck en apoyo de esta posición, dado que encontraron una relación negativa entre la capacidad de emisión y la de recepción, esto es, que los buenos emisores resultaban pobres receptores y a la inversa. Filmaron en video las reacciones de varones universitarios ante los que se exhibían una serie de luces verdes y rojas. La luz verde señalaba la ocurrencia de un shock. Posteriormente se pidió a los participantes y a otros sujetos que discriminaran entre pruebas con shock y pruebas sin shock basándose en las reacciones que se veían en el video tape.

Zuckerman y sus colaboradores trataron de clasificar, por un lado, las investigaciones que sostenían una relación entre la habilidad para codificar y la habilidad para decodificar señales no verbales y, por otro lado, las que negaban tal relación. Su propio estudio de las emociones faciales y vocales y su análisis de otros trabajos dan apoyo a la hipótesis de que existe una capacidad general de comunicación que recubre las habilidades relativas a emociones específicas. Los estudios que concluyan afirmando que las capacidades de emisión y de recepción estaban relacionados recíprocamente, tendieron a medir una emoción aislada y estaban en mejores condiciones de operar con expresiones espontáneas. De lo que se resume lo siguiente: Si una persona tiene capacidad para la emisión, es probable que también la tenga para la recepción (y a la inversa), pero ante una emoción cualquiera, esa persona puede mostrar diferentes niveles de pericia.

Aun cuando podamos demostrar gran capacidad en la emisión o recepción de señales no verbales, posiblemente nuestras capacidades de recepción serán más altas que las de emisión. Odom y Lemond suponen que la producción de expresiones faciales, por ejemplo, jamás puede alcanzar el mismo nivel de precisión que tenemos respecto a la interpretación de expresiones faciales de emoción. La idea surgió como consecuencia del análisis de estos autores sobre las capacidades de niños de parvulario y de quinto curso en tanto emisores y en tanto receptores. Seis de las ocho emociones puestas a prueba en estos niños arrojaron diferencias en la capacidad de emisión y de recepción, siendo siempre inferior la primera.

Resumen

Este capítulo trató sobre las habilidades no verbales, la forma en que se desarrollan y las características propias de las personas que poseen tales habilidades. Debido a que hace poco tiempo han comenzado las investigaciones científicas en este campo son muy pocas las conclusiones de que se dispone. Conocemos muy bien algunos métodos para desarrollar las habilidades sociales en general, pero se ha prestado poca atención a los procedimientos específicos para llevar a cabo capacidades no verbales especificas. Hoy en día, lo único que podemos asegurar es que el desarrollo de las capacidades no verbales se incrementará con un fuerte deseo o motivación de mejorar, con las actitudes positivas o productivas respecto de la situación de aprendizaje, con una adecuada comprensión del conocimiento en relación con la conducta no verbal, y con la experiencia y práctica orientadas hacia una diversidad de situaciones.

La segunda parte de este capítulo examinó a las personas y a las condiciones asociadas con la eficacia en la emisión y la recepción de señales no verbales. La mayor parte de la investigación en este campo se ha dirigido sobre cuestiones relativas a la capacidad de codificación o de recepción. El instrumento más completo y que más ampliamente se ha puesto a prueba es el que desarrollaron Rosenthal y sus colegas en la Universidad de Harvard con el nombre de PONS (Profile of Nonverbal Sensitivity), Perfil de Sensibilidad No Verbal. Los resultados de los once canales del test y otras pruebas de investigación proporcionaron la siguiente información acerca de las capacidades de recepción no verbales:

1) como grupo, las mujeres tienden a ser mejores decodificadoras que los varones;

2) las capacidades decodificadoras tienden a aumentar con la edad hasta los veintitantos años;

3) parece ser mínima la relación existente entre inteligencia y otras medidas verbales y la capacidad de decodificación de señales no verbales;

4) la personalidad de los decodificadores idóneos parece reflejar extroversión, sociabilidad, autocontrol y juicios de eficacia interpersonal por parte de los demás;

5) los actores, los estudiantes de conductas no verbales y los estudiantes de artes visuales tienden a puntuar mejor en los test de capacidad de decodificación no verbal, pero de aquellos que reciban dentro de su grupo profesional la calificación de excelente se puede esperar que posean buenas facultades para la decodificación no verbal;

6) los test en los que se utilizan estímulos faciales, corporales y vocales típicos de sujetos estadounidenses provocan los mayores puntajes en las culturas más similares a la norteamericana, pero las calificaciones de acierto sugieren la posibilidad de un componente multicultural en la conducta de decodificación no verbal; y

7) la excitación fisiológica y la práctica también parecen incrementar la capacidad de decodificación de una persona. Se ha analizado la forma en que puede variar la capacidad decodificadora de una persona como consecuencia de la variación del canal por el que se presenta la información, de si se trata de expresiones representadas o espontáneas, de las características de la persona que sirve de estimulo y del tiempo durante el cual el estimulo fue visto u oído. A pesar de estas posibles variaciones, algunos datos sugieren que si una persona es eficaz en la decodificación de expresiones representadas, también lo será en la decodificación de expresiones espontáneas. Nuestra discusión sobre las habilidades de emisión o codificación se ha abreviado a causa de los pocos trabajos que se han ocupado de ello.

La escasa investigación realizada hasta ahora ha permitido comprobar que:

1) las mujeres también poseen habilidades emisoras;

2) los emisores cualificados suelen ser extrovertidos, populares, controlan rigurosamente su propia conducta, no introvierten sus emociones y muestran excitación fisiológica baja. Aquel que sea capaz de emitir expresiones espontáneas acertadas, seguramente será capaz tambiÉn de fingir expresiones adecuadamente, y a la inversa.

En general, los "buenos" codificadores suelen ser "buenos" decodificadores y viceversa. Pero ante una emoción particular cualquiera, una persona puede exhibir muy diferentes capacidades de emisión y de recepción. Alguien propuso la existencia de una capacidad de comunicación general, que se suma a las capacidades específicas ligadas a mensajes de uno u otro tipo.