miércoles, 11 de junio de 2008

Anatomía de la memoria

Autor: Varios Autores
Título: Función Cerebral
Editorial/Colec.: Libros de Investigación y Ciencia
Lugar/Fecha/Pág.: Prensa Científica. Bcn. 1ra Reimp. 1995
[Nota: ocr 1ª pág.]
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ANATOMÍA DE LA MEMORIA
Mortimer Mishkin y Tim Appenzeller
Agosto de 1987
Pág. 96

[Presentación] El análisis de la amnesia ha revelado cómo podrían interactuar las estructuras cerebrales profundas y las vias de la percepción, asentadas en capas exteriores, para transformar los estímulos sensoriales en recuerdos.

Pese a lo reducido de su volumen, el cerebro humano aloja un sistema de memoria tan potente que captura la imagen de un rostro al primer encuentro, tan amplio que almacena las experiencias de una vida entera y tan versátil que el recuerdo de una escena trae a colación asociaciones de imágenes visuales, sonidos, olores, sabores, sensaciones táctiles y emociones. ?Cómo funciona ese sistema mnémico? La mera definición de la memoria constituye de por sí una ardua y debatida tarea; sugiere la introspección que no es lo mismo conocer un rostro o un poema que conocer una técnica, por ejemplo, la mecanografía. Además, el substrato físico de la memoria, los aproximadamente cien mil millones de neuronas cerebrales y sus enmarañadas interconexiones, resulta superlativamente intrincado. Empero, empeñados en un esfuerzo de esquematización, mis colegas y yo (Mishkin) estamos empezando ya a delinear cómo recuerda el cerebro.

La representación a que hemos Ilegado es, en gran parte, de carácter anatómico. Durante los últimos 20 años hemos identificado estructuras y "estaciones" (amplios conjuntos) neuronales implicados en la memoria; hemos reseguido sus conexiones y hemos intentado determinar cómo interactúan cuando los recuerdos se almacenan, se recobran o se vinculan a otra experiencia. Otros investigadores analizan la memoria empleando una escala más fina: en algunos de los animales menos complejos y en tejido nervioso aislado de especies superiores detectan cambios de las propiedades eléctricas y químicas de ciertas neuronas, instados por ejercicios sencillos de aprendizaje. La complejidad de nuestro objeto, la memoria humana o el cerebro de los monos del Viejo Mundo, como aproximación óptima, requiere un planteamiento inicial diferente, que insista en la arquitectura general. Por supuesto, en última instancia la memoria es una serie de episodios moleculares. Nuestro empeño consiste en cartografiar el territorio donde tienen lugar esos episodios.


Muchos de los estudios que han propiciado la descripción actual derivaron de historias clínicas de pacientes que, por enfermedad, lesión o intervención quirurgica que afectaban áreas específicas de su cerebro, habían perdido parte de su capacidad de aprender o de recordar. Quizás el más famoso de esos casos sea el de un paciente de amnesia profunda conocido por las iniciales H. M. Estudiado por Brenda Milner, del Instituto Neurológico de Montreal, y por sus colegas, de otras instituciones, el caso de H. M. ha proporcionado abundante información sobre el tipo de deterioro asociado a una determinada clase de lesión cerebral.

Los trabajos experimentales, efectuados la mayoría de ellos en macacos, han combinado investigaciones anatómicas, fisiológicas y de la conducta. Resiguiendo el transporte de trazadores a lo largo de los axones, las sutilísimas prolongaciones de que se sirven las neuronas para transmitir señales, se han revelado los complejos circuitos nerviosos que permitirían a ciertas estructuras desempeñar algún papel en la memoria. Las mediciones de la actividad eléctrica de las neuronas, o de su captación de glucosa radiactiva, han permitido distinguir qué partes del cerebro actúan durante las tareas relacionadas con el aprendizaje. En la última fase del experimento, diseñada para evaluar la importancia funcional de estructuras identificadas por otros medios, se ha combinado la cirugía o la administración de drogas con pruebas psicológicas. Mediante drogas se destruyen o bloquean las estaciones del cerebro de un animal de experimentación, o se cortan las sendas que las unen. A continuación se examina el comportamiento del animal en pruebas
concebidas para distinguir los diversos componentes de la memoria y determinar cuál de ellos ha sufrido deterioro.

Para comprender la memoria humana hemos elegido un camino indirecto, con todos los inconvenientes que ello supone. El cerebro del macaco mide alrededor de la cuarta parte del propio del chimpancé, el pariente más próximo de los seres humanos; a su vez, el cerebro del chimpancé viene a ser una cuarta parte del cerebro del hombre. El aumento de tamaño va acompanado de una mayor complejidad. Todas las estructuras que encontramos en el cerebro del macaco tienen sus correspondientes réplicas en el humano, si bien sus funciones pueden haber divergido en el curso de la evolución. En particular, la capacidad, exclusivamente humana, del habla y sus concomitantes especializaciones cerebrales limitan las posibilidades del procedimiento comparativo. Ello no obstante, las estructuras generales del sistema nervioso de simios y humanos son, con probabilidad, iguales. Nuestros hallazgos resultan, en ese orden, coherentes con los datos sobre la pérdida humana de la memoria obtenidos de modo directo.

El sistema visual

La mayoría de las veces, los recuerdos se originan a modo de impresiones sensoriales. Antes de preguntarnos cómo almacena el cerebro una experiencia sensorial en forma de recuerdo, querríamos saber cómo procesa la información sensorial. De hecho, el punto de partida de nuestra investigación sobre la memoria consistió en un estudio de la vía nerviosa responsable de la percepción visual.

El sistema visual central empieza en el córtex estriado, o córtex visual primario, situado en la superficie posterior del cerebro y que, a través del ner- (...)